Una mala conexión eléctrica mermará la eficiencia del auto.

 

En más de un setenta por ciento de las ocasiones los enfados surgen como consecuencia de una mala gestión de las expectativas. Felices los que nada esperan porque nunca serán defraudados.

 

Hay personas que esperan algo de los demás porque consideran que eso es lo “justo”. Si no lo reciben, sencillamente se frustran y acaban enfadándose. El problema no viene porque los demás nos nieguen algo, sino por nuestra expectativa de que nos lo merecemos. Pero el merecimiento es siempre algo subjetivo, depende de qué lado lo mires.

 

No esperes que todos se comporten como a ti te gustaría. Tratar de que se comporten bajo el patrón que tú consideras correcto es un grave error, incluso aunque haya algún compromiso. Tener un “compromiso” en algo con otra persona no significa en absoluto que ese compromiso sea en todos los aspectos de la vida. Por ejemplo, ser marido o mujer tiene unas responsabilidades pero no puede implicar que demandemos todo de esa persona. El ser humano tiene diferentes roles en la vida. Una mujer podrá ser esposa pero también puede ser mamá y además puede ser profesional, y tener su círculo de amistades, y por último es una persona individual que necesita su intimidad. Su marido no puede pretender demandar todo de ella ni viceversa. Solo si somos conscientes de los roles de cada persona aprenderemos a respetarlos. En eso consiste parte de la empatía, en comprender y distinguir qué papel juegan las personas en cada momento. Siendo empáticos evitaremos muchas frustraciones por falsas expectativas. Por el contrario, cuando tratamos de justificar nuestro enfado en los demás solo demostramos obstrucción mental y falta de empatía.

 

Lo peor de todo es que incluso aunque tuviéramos razón (lo cual es siempre subjetivo), enfadarse demasiado no tiene sentido. El enfado, la irritación, el odio y el resentimiento desembocan siempre en problemas de salud, por tanto ¿quién se perjudica? En palabras de Charles Baudelaire, “El odio es un borracho al fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la bebida”. Pedir una disculpa no significa que la otra persona tenga la razón. Significa que valoras más tu relación que tu ego.

 

En el otro treinta por ciento de los casos los enfados surgen porque consideramos que alguien nos ha perjudicado. Ni siquiera en estos casos enfadarse demasiado tiene sentido, como demostraré a continuación.

 

En ocasiones, cuando nos sentimos agraviados por otra persona, experimentamos un fuerte deseo de responder, incluso con agresividad. En ese momento, pensamos que sería justo que esa persona se lleve su merecido. Sin embargo si dejamos pasar unas horas y después tenemos la misma posibilidad de “darle su merecido” es muy probable que ya no lo hagamos. Esto demuestra que nuestro deseo inicial de respuesta agresiva no era lo más adecuado, porque si lo hubiera sido, lo habríamos hecho igualmente unas horas después.

 

El enfado es una emoción y como todas las emociones tiene mucho de calentamiento así que lo primero para reducir una emoción es enfriarla. A continuación te doy algunos pequeños trucos para que cuando tu “calentamiento” aumente, rápidamente puedas pararlo:

 

  •          Pregúntate, ¿vale la pena este asunto comparado con el daño en salud que me va a provocar?
  •          Piensa: “no seas tonto”. Los tontos son los que menos controlan sus emociones
  •          Cuenta hasta diez y deja que se vaya el pensamiento. No trates de justificar tu enfado.
  •          Deja que Dios tome el control

 

Enfadarse no conduce a nada. Perder los papeles, mostrarse agresivo o tratar de hacer daño a los demás como respuesta a una frustración es propio de personas perturbadas.

 

El ego es lo que nos nubla y nos aleja de todo crecimiento espiritual. Pues bien, sé consciente de que cuando te enfadas por algo estás agrandando tu ego. Sin embargo cuando mantienes la calma el ego se minimiza. Si quieres resolver un problema con alguien trata de hacerlo eliminando aspectos emocionales, no solo porque lo emocional nos ciega sino porque también perjudica nuestro organismo. 

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